Las vacaciones son ese momento del año en el que cambiamos de horarios, desconectamos del trabajo y disfrutamos de un ritmo de vida más relajado. Precisamente por eso, muchas personas aprovechan para dejar completamente de lado el entrenamiento hasta la vuelta a la rutina. Sin embargo, existe una falsa creencia muy extendida: pensar que durante las vacaciones hay que elegir entre descansar o seguir entrenando. La realidad es que ambas cosas son perfectamente compatibles.
Entrenar en vacaciones no significa seguir exactamente la misma planificación que durante el resto del año ni renunciar a disfrutar del tiempo libre. Significa adaptarse al momento, mantenerse activo y continuar cuidando la salud desde una perspectiva más flexible. Las vacaciones son, de hecho, una excelente oportunidad para recuperar energía, poder tener tiempo para meditar, rodearse de silencio o bajar el nivel de estímulos, y descubrir nuevas formas de moverse sin la presión de cumplir un plan estricto. El objetivo no es entrenar más, sino entrenar mejor según las circunstancias.
Descansar también forma parte del entrenamiento
Cuando hablamos de entrenamiento solemos pensar en esfuerzo, series, repeticiones o kilómetros recorridos. Pero los cambios, la sobrecompensación, depende no sólo de un estímulo que provoque cambios y mejoras; también de un descanso suficiente. Porque es el momento en el que el organismo se recupera, asimila los estímulos recibidos y produce las adaptaciones que permiten mejorar la fuerza, la resistencia o la capacidad física. Sin recuperación, no existe progreso.
Por eso, las vacaciones representan un contexto ideal para favorecer la pausa o el descenso de las revoluciones propias de un estilo de vida moderno ligado al estrés, los objetivos, la presión y los estímulos sensitivos constantes y potentes, promovidos por el marketing y las redes sociales. Tener en mente aspectos que muchas veces descuidamos (estaría bien no hacerlo ni depender de las vacaciones para ello) como dormir las horas necesarias de forma reparadora, reducir el estrés, disponer de tiempo para uno mismo y potenciar la calma mental. Son factores que también mejoran la salud y el rendimiento físico.
Pero cuidado, descansar no significa desconectar y volverse sedentario. No se trata de quedarse sentado muchas horas o estirado mirando alguna pantalla. Hablamos de estar activos, hacer actividades ociosas y disfrutar de la actividad física. Se siga entrenando o no. La clave, como todo en la vida, está en encontrar el equilibrio.
¿Qué ocurre si dejamos de entrenar durante varias semanas?
Muchas personas sienten preocupación por perder todo el progreso conseguido durante el año si dejan de entrenar unos días. La buena noticia es que unas vacaciones no van a borrar meses de esfuerzo.
Nuestro cuerpo no pierde la condición física de un día para otro; si no, como especie, hace tiempo que hubiéramos desaparecido. Sin embargo, cuando el parón se prolonga durante varias semanas sí pueden empezar a producirse algunos cambios. La fuerza puede disminuir ligeramente, la resistencia cardiovascular empieza a reducirse de forma progresiva y la movilidad suele resentirse si pasamos demasiadas horas sentados o con poca actividad. Hay que recordar que nuestra capacidad física siempre se adapta a la exigencia del exterior que el cerebro percibe como recurrente.
Pero quizá el mayor inconveniente no sea físico, sino mental. Después de varias semanas sin entrenar, recuperar la rutina suele costar mucho más. El hábito se debilita y volver al gimnasio o retomar la planificación requiere un esfuerzo extra. Por eso, entrenar en vacaciones, aunque sea con una intensidad menor, ayuda a mantener vivo ese hábito que tanto tiempo ha costado construir.
Adaptar el entrenamiento también es entrenar
Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que, si no podemos entrenar igual que durante el resto del año, entonces no merece la pena hacer nada.
Las vacaciones invitan precisamente a adaptar el entrenamiento al lugar, al tiempo disponible y a las actividades que surgen de forma espontánea. Quizá más ligado a la actividad física o el pasarlo bien, que no en clave de intensidad, eficiencia y seguridad, como se hace durante el resto del año.
En myofisix entendemos que cada persona vive unas vacaciones diferentes y que el proceso de trabajo no debe limitarse o deteriorarse porque durante unas semanas se priorice actividad física a ejercicio de fuerza. Nuestro mensaje es trabajar todo el año de forma consistente y disfrutar de las vacaciones sin caer en el sedentarismo.
Entrenar en vacaciones, la constancia también consiste en saber adaptarse
Uno de los rasgos que mejor define a las personas que consiguen mantener hábitos saludables durante años no es la perfección, sino la capacidad de adaptación, el compromiso y el ver el largo plazo.
La verdadera constancia no consiste en entrenar exactamente igual los 365 días del año, consiste en encontrar la mejor forma de seguir cuidándose cuando cambian las circunstancias. Habrá semanas con más trabajo, otras con menos tiempo disponible y otras, como ocurre durante las vacaciones, en las que simplemente tendremos otras prioridades. Adaptar horarios, reducir el volumen de trabajo o priorizar más la actividad física que el entrenamiento de fuerza en un periodo concreto del año, no significa abandonarse.
El entrenamiento de fuerza es la base de la salud, lo que requerimos biológicamente. Pero el evitar ser sedentarios también es clave, de ahí la importancia de moverse en el día a día y hacer actividad física. Junto a todo el resto de elementos que influyen en el estilo de vida. Pero unas semanas no perturba lo hecho el resto del año. Porque algo imprescindible tampoco nos debe hacer esclavos.
Disfrutar también forma parte de una vida saludable
La salud no depende de una semana concreta, sino de los hábitos que mantenemos durante la mayor parte del año. Por eso, unas vacaciones equilibradas no son aquellas en las que todo está perfectamente controlado, sino aquellas en las que somos capaces de disfrutar sin abandonar por completo nuestro estilo de vida saludable.
Por eso, entrenar en vacaciones no significa renunciar al descanso ni convertir el ejercicio en una obligación más. Significa comprender que la salud también pasa por adaptarse a cada momento de la vida. Descansar, desconectar y cambiar de rutina manteniéndonos activos son aspectos positivos que ayudan al cuerpo y a la mente, y darles prioridad en las vacaciones no es nada malo, incluso nos ayuda a integrarlos en nuestro estilo de vida (algo necesario).
Porque la salud no entiende de temporadas. Cambian los horarios, los escenarios y la forma de entrenar o darle estímulo al cuerpo y la mente, pero el compromiso con uno mismo hace que nos adaptemos a cada circunstancia, vacaciones incluidas.