Mentalidad del deportista: en qué me puede ayudar

Cuando pensamos en un deportista de alto nivel solemos fijarnos en su físico, su rendimiento o sus resultados. Sin embargo, existe un aspecto mucho menos visible que suele ser el verdadero responsable de su éxito: la mentalidad del deportista.

No hace falta competir en unos Juegos Olímpicos ni vivir del deporte para beneficiarse de esta forma de pensar. De hecho, cualquier persona que quiera mejorar su salud, ganar fuerza, perder grasa o simplemente mantenerse activa puede obtener grandes ventajas adoptando algunos de los hábitos mentales que caracterizan a los deportistas.

Eso no significa que haya que entrenar como un deportista o tener que practicar algún deporte para estar sano o atlético, es más, la diferencia entre quienes consiguen mantener un entrenamiento durante años y quienes abandonan después de unas semanas, rara vez está en la genética o en la motivación inicial. La verdadera diferencia suele encontrarse en la forma de afrontar el proceso, el compromiso con uno mismo y entender el propósito de entrenar (potenciar salud y funcionalidad).

La motivación es importante, pero no suficiente

Muchas personas empiezan a entrenar con mucha ilusión. Compran ropa deportiva nueva, organizan su agenda y se sienten convencidas de que esta vez será diferente.

El problema aparece cuando desaparece esa motivación inicial, se cruzan los problemas o las dificultades o incluso los tempos esperados para los resultados no acaban de coincidir con la realidad. Todos tenemos días en los que estamos cansados, tenemos demasiado trabajo, hace frío, llueve o simplemente no nos apetece entrenar. Si únicamente dependemos de las ganas del momento o dependiente de un objetivo o una actividad concreta que nos gusta, es muy probable que terminemos abandonando antes o después.

La mentalidad del deportista entiende que la motivación es una ayuda, pero nunca el motor principal. Los deportistas saben que habrá unos días excelentes y otros más difíciles. La clave consiste en seguir actuando incluso cuando la motivación baja. No entrenan únicamente cuando les apetece, entrenan porque forma parte de su compromiso con el rendimiento, los resultados y los objetivos marcados. Para nuestro caso, más que resultados hablaríamos de salud y funcionalidad, pero el compromiso lleva a la constancia.

El compromiso y la disciplina, supera la motivación

Uno de los rasgos más importantes de la mentalidad del deportista es entender que los resultados son consecuencia del proceso y del trabajo (aparte del talento y las condiciones genéticas o físicas de origen). Del compromiso con él y la disciplina para sostener el trabajo.

Muchas personas entrenan esperando cambios rápidos. Si en pocas semanas no observan grandes diferencias en la báscula o en el espejo, comienzan a pensar que el esfuerzo no merece la pena. Los deportistas funcionan de otra manera, se centran en cumplir cada entrenamiento, mejorar un poco su técnica, aumentar ligeramente una carga o completar una repetición más que la semana anterior.

Por otro lado, la disciplina no significa entrenar de forma obsesiva ni ignorar las señales del cuerpo. Significa ser capaz de cumplir con aquello que sabemos que nos beneficia incluso cuando no tenemos ganas. En este sentido, la disciplina convierte el entrenamiento en una parte normal de la rutina, igual que ir a trabajar, cepillarse los dientes o dormir las horas necesarias.

La constancia siempre vence a la perfección

Uno de los errores más frecuentes es pensar que cada entrenamiento debe ser perfecto y que siempre hay que ir a mejor. Si un día no podemos entrenar una hora completa, muchas personas prefieren no hacer nada.

Sin embargo, la mentalidad del deportista apuesta por la constancia antes que por la perfección. Para el entrenamiento de fuerza, si siempre se llega al nivel de intensidad que nos acerque al fallo muscular, con control y sin compensar, siempre será óptimo. Se mueva más o menos lastre que otros días, se hagan más o menos repeticiones.

En myofisix lo sabemos muy bien, y por eso educamos hacia la excelencia entrenando que es dar el máximo en cada estación, con la mayor seguridad y eficiencia, sin depender de las ganas del momento, una motivación externa a uno mismo y el conocimiento de porqué hacemos lo que hacemos para que os involucréis en el proceso, y buscar el largo plazo en vez de quedarnos en el cortoplacismo. Constancia por encima de perfección.

Aprender a entrenar también en los días difíciles

Los deportistas no disfrutan todos los entrenamientos. Hay días con fatiga, estrés o falta de energía. Incluso los mejores atletas reconocen que muchas sesiones importantes se realizan sin ninguna motivación especial.

Lo que cambia no es la dificultad, sino la respuesta ante ella. Cuando aparece un obstáculo, una persona con mentalidad del deportista busca soluciones. Es decir, si no puede hacer un entrenamiento completo, hacer lo que se pueda. Si se está muy cansado, reducir la intensidad. Si tiene una semana complicada, reorganizar la planificación… La idea no es buscar el camino perfecto, sino andar el camino, mantener el hábito, el compromiso, la constancia.

El error forma parte del aprendizaje

Otro aspecto característico de la mentalidad del deportista es la relación con el fracaso. Muchas personas interpretan un entrenamiento perdido, una semana mala o una comida menos saludable como un fracaso absoluto.

Los deportistas entienden que los errores forman parte del camino. Una mala competición no significa que todo el trabajo anterior haya desaparecido, al igual que una semana complicada tampoco invalida meses de esfuerzo.

En lugar de castigarse, analizan (junto a todo su equipo de trabajo) qué ha ocurrido y continúan entrenando. Ello permite mantener la continuidad durante años, que es donde realmente aparecen los cambios importantes, aprender de las situaciones sufridas, e incluso conocerse más y mejor a uno mismo. Porque recuerda que entrenar también es un proceso individualizado, pues cada organismo percibe, soluciona y adapta el sistema de forma diferente ante los retos externos.

Cualquier persona puede desarrollar esta mentalidad

Uno de los mayores errores es pensar que esta forma de afrontar el entrenamiento (y la vida) pertenece únicamente al deporte profesional, a esos elegidos. Pero la realidad es muy distinta. La mentalidad del deportista puede desarrollarse poco a poco mediante pequeñas acciones diarias en tu beneficio:

  • Cumplir el entrenamiento previsto, aunque no sea perfecto.
  • Priorizar la constancia sobre la motivación.
  • Aceptar que habrá sesiones mejores y peores.
  • Valorar el progreso a largo plazo.
  • Aprender de los errores sin abandonar.
  • Entender que los hábitos construyen los resultados.

La diferencia está, en gran medida, en la forma de pensar. Adoptar la mentalidad del deportista significa comprometerse con el proceso, entrenar con disciplina incluso cuando la motivación disminuye, aceptar que el progreso requiere tiempo y comprender que la constancia siempre termina dando mejores resultados que los esfuerzos puntuales.

No necesitas competir para pensar como un deportista. Solo necesitas entender que cada entrenamiento es una acción para estar mejor hoy, mañana y con el paso de los años, y que la constancia, la sostenibilidad, se fundamenta en tener claro el propósito (tu salud y funcionalidad de hoy y en adelante), saber el cómo lograrlo minimizando riesgos (como la propuesta planteada en myofisix) y saber que en una realidad moderna entrenar es el acto necesario para potenciar la mejora recurrente muscular no solo en clave de fuerza, también sobre la mejora de todo el organismo gracias a las mioquinas.

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