Hablar de llevar un estilo de vida saludable se ha convertido en algo habitual, incluso siendo la longevidad una tendencia actual dentro de la industria del fitness. Siempre se acaba poniendo el foco sobre métodos o modelos de negocio, y no tanto sobre los fundamentos o pilares que hacen que se logre esa salud y funcionalidad, con una mirada honesta y completa.
Vivimos en una sociedad donde se buscan fórmulas o recetas para estar bien, olvidando que nos movemos poco, dormimos poco y mal, comemos con prisas y estamos todo el día detrás de pantallas, interactuando poco con otras personas. Convivimos con niveles de estrés elevados de forma casi permanente y, a la hora de entrenar, buscamos más modas y tendencias que no el cómo lograr mejoras de manera segura y eficiente; pues se mira más la imagen y la inmediatez que la salud y el largo plazo.
Un estilo de vida saludable no se construye con acciones aisladas o temporales, con picos de motivación como forma de continuidad o mediante soluciones farmacológicas, imposiciones o seguir lo que marcan las redes sociales. Se construye de una manera holística, cuidando la alimentación, el descanso, el control sobre el estrés, el crecimiento interno, el entrenamiento para mejorar neuromuscularmente, la actividad física y el movimiento cotidiano. Y para ser coherentes con ello, el entrenamiento de fuerza es un pilar importantísimo para preservar la funcionalidad y la salud del cuerpo a lo largo del tiempo.
Moverse no es entrenar
Con moverse no es suficiente para tener un estilo de vida saludable. Entrenar tampoco. Porque ambos elementos se complementan y dan respuesta a cosas diferentes. Entrenar, sin tener en cuenta elementos deportivos o de rendimiento, debe verse como la manera de lograr mejoras sobre el tejido muscular esquelético. Eso, además de proporcionar mayor capacidad de generar fuerza, evoca al efecto endocrino muscular gracias al efecto de las mioquinas, que potencian mejoras tanto en densidad ósea como sobre el funcionamiento del sistema cardiovascular, la sensibilidad a la insulina, la capacidad aeróbica mitocondrial, la composición corporal (cantidad de tejido adiposo), control del colesterol e, incluso, cambios sobre la expresión de ciertos genes. Aporta salud y funcionalidad directa e indirectamente.
Moverse, sea mediante la actividad física o mediante el movimiento cotidiano asociado con una vida activa, tiene otros propósitos, como son mejorar el retorno venoso, que es la sangre que vuelve al corazón a través de las venas y que se logra gracias a las contracciones musculares, y evitar el sedentarismo. No aporta salud y funcionalidad directa, pero evita multitud de problemas metabólicos y cardiovasculares.
No es entrenar más, es hacerlo con intención
Como en el mundo del fitness la eficiencia se suele valorar poco, existe la creencia de que entrenar fuerza exige mucho tiempo, rutinas complejas o niveles de exigencia incompatibles con una vida ocupada. Uno puede llevar a cabo un trabajo por volumen de carga a partir de muchos días, series y número de ejercicios; o puede basarse en la alta intensidad, de manera controlada y segura, lo que se traduce en uno, dos o tres días de entrenamiento semanales a tenor de sesiones de 20 a 30 minutos.
La clave está en entrenar menos tiempo pero con más intención, un mejor diseño y un mayor respeto por la individualidad. Porque la dosis mínima efectiva existe, y es aquella con la cual se logran mejoras musculares destinando el mínimo entrenamiento posible. El estímulo no tiene que ser agotador, pero sí altamente exigente sobre las fibras musculares; no perseguir el cansancio sino una respuesta del cuerpo en clave de mejora física a partir de un entrenamiento intenso y teniendo en cuenta la individualidad de cada uno.
El entrenamiento no compensa un estilo de vida desordenado
Entrenar no compensa el comer mal, o de manera desordenada, no descansar, o el efecto de la exposición al estrés crónico. Entrenar está para mejorar muscularmente. Si hay otros desajustes, se deben encarar de forma específica, sea cambiando los hábitos alimentarios, dormir más horas o de manera más reparadora, cambiar lo que sea menester para no estar rodeado de tanto estrés, disponer de tiempo para meditar, tener relaciones sanas con otras personas, etc.
Pero también es importante darse cuenta de que el cuerpo no se puede separar por compartimentos. Todo está interconectado, con lo que también es importante ver cada cambio en el estilo de vida cómo afecta al resto de elementos considerados, y que todo ello debe encajarse dentro del contexto de vida y emocional de cada persona.
Entrenar para un estilo de vida saludable, no para rendir
Desde esta perspectiva, el entrenamiento para la gran mayoría de la población se debe disponer bajo la salud y la funcionalidad motora a corto y largo plazo. Dejar de enfocarlo bajo los cánones estéticos o la mejora del rendimiento atlético, aspecto que debe reservarse para aquellos que son deportistas o deben prepararse para alguna actividad física, por el motivo que sea. Porque no es necesario hacer ningún deporte para estar bien, hay que entrenar para lograr mejoras físicas minimizando riesgos.
En este enfoque, que es el que trabajamos en myofisix, las ganancias de fuerza no se separan de la prevención ni la salud articular. Cada día, se tiene en cuenta tanto el poder incentivar mejoras neuromusculares como tratar disfunciones, sobrecargas, procesos compensatorios o dolencias articulares.
No estar siempre motivados, ser constantes
Un estilo de vida saludable no es hacer mucho en un momento concreto o bajo un objetivo específico, y la motivación no debe venir del exterior a uno o dependiente del estado emocional. La clave está en la constancia, para que las acciones se conviertan en hábitos, y estos al final generen un estilo de vida saludable que se lleve a cabo sin esfuerzo, imposición o desgaste emocional o psicológico. Ser, quizá, una nueva persona que se construye día a día, desde la coherencia y la adaptación a su naturaleza y circunstancias. Y entrenar pocos días, poco tiempo, pero de forma eficaz y controlada como hacemos en myofisix, además de entender el porqué de todo ello, ayuda y mucho a lograr esa constancia.
Y en el plano físico, la mejor forma de cuidarse es entrenar para mejorar la capacidad de generar fuerza minimizando el riesgo de lesión, compensaciones o desgaste articular. Y eso es la manera de trabajar que marca la línea de trabajo en myofisix, referencia de cercanía, eficiencia, confort y soluciones reales en el barrio de Les Corts en Barcelona.